Nubes de felpa y mantequilla,
esponjosas, pintadas con el
pincel bañado en miel sobre un
cuadro de un azul limpio y puro.
Ahora puedo ver un cielo
despejado, percibir su olor y si
me esfuerzo, su sabor. Sabe a
esperanza, a libertad.
Vivir, vivir de nuevo, ¿donde?,
quizá en el mar, sí, el mar me
vendrá bien, su olor salado me
apartará del dulce del azúcar,
de esas cinco cucharadas diarias
en el café a las seis de la
mañana. Cinco, cinco exactas era
lo que echaba en el café
cortado, esperando que pasara a
sus venas y él se volviese tan
dulce como éste.
Desgraciadamente malgastamos el
tiempo en cosas sin sentido,
como si nunca fuésemos a morir,
lo perdemos en cosas tan
ridículas como contar decenas de
veces una cucharada, o, peor
aún, en enmascarase para que no
descubran tu secreto. Sí,
máscaras de quita y pon que al
final se incrustan en la piel y
hieren el alma.
Quien me iba a decir que tú,
brisa de primavera, te
convertirías en un huracán que
destrozaría mis sueños.
He descubierto que las fantasías
están fabricadas con el más
bello cristal, pero a su vez, el
más frágil, y con un leve soplo
o, simplemente cuando te haces
mayor se destruyen, se
desmoronan.
Tantas escapadas al hospital me
hicieron ver que nadie es más
que nadie, que yo no tenía la
culpa de tantos golpes, de
tantas amenazas, vejaciones y
desprecios.
Tantas escapadas al hospital me
hicieron ver que yo no tenía la
culpa de nada, que yo no le
provocaba y que en la pareja
siempre tienen que ser tres: tú,
yo y la pareja.
Yo me sentía tan poca cosa, tan
poco valorada y vapuleada a
todas horas. Siempre malos
tratos en lugar de comprensión,
amor y escucha.
No hay nada que justifique una
paliza.
No entendías que yo simplemente
necesitaba ver algo de paz en
tus ojos.
Aunque lo niegue, todas las
noches me persigue una sombra,
ya sea en forma de pesadilla o
como lluvia impactando en la
ventana. Como me gustaba antes
la lluvia…. Y, ahora, solo me
recuerda mis lágrimas perdidas
que, a todas horas, se alejaban
de mi ser llevándose el calor de
mi cuerpo, como el vaho en una
fría tarde de invierno.
Sin embargo, hoy me siento
fuerte y con ganas de gritar al
mundo, gritar que vuelvo a ser
yo misma, sin máscaras.
Quiero, debo y voy a empezar una
nueva vida en la que pueda
volver a soñar. Tengo ganas de
sonreír, ese gesto tan natural,
tan aparentemente sencillo que
mueve tantos músculos que, puedo
jurar, llegaron a dolerme.
Puedo permitirme la ilusión de
imaginar mi vida, como una niña
que lee cuentos, veo una casita
blanca al lado del mar, con un
continuo olor a humedad en el
aire. Puede que me atreva a
aventurarme con un nuevo amor,
con una familia.
Ahora deseo que ninguna mujer
vuelva a ser maltratada, nadie
lo merece. La vida es demasiado
valiosa.
Confío en que hay un grito de
esperanza para todas.
Podemos encontrar la paz y la
energía que nos falta.
Yo ahora soy feliz….¿por qué no
intentarlo tú también?
Beatriz Díaz Sanz – 4ºA ESO –
IES Arcipreste de Hita